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Mostrando entradas de junio, 2022

Festina lente

Como una silueta más que un cuerpo, como un espejismo más que una alma, apareciste tu atravesado por la nada, trayendo todo guardado en palabras. Traías el agua para llenar los cántaros, el fuego en una trinidad en llamas y el asombro tatuado en la cara. Quisiera saber cuál es el truco de tu magia, hasta dónde la altura de tus huesos alcanza,  cómo hablar contigo en lenguas muertas. Volver a alguna infancia  donde jugar al escondite  mientras el reloj cuenta. Visitar el mar por vez primera,  recordar lo que aprendí, desnudos como en un cuadro de Sorolla.

Solve et coagula

Llega el poema como una ola de emoción feroz, devoradora. Neptuno sumerge su tridente y apaga hasta al astro rey bajo su mar de estrellas. La libélula de la mente deja de volar, y va hacia el fondo oscuro y frío del mar. Encuentra copas rotas en ciudades olvidadas, pactos disueltos por juicios nulos. El fruto del útero, amargo y podrido. Después de ir tan profundo solo queda volver, a la superficie de un hogar universal amurallado. Después de tanta contracción todo se expande, la inspiración expira y reúne lo que ha creado. El océano te devuelve a la tierra por la que caminas y el Sol te ilumina desde la constelación de Piscis.

I y II

I Fue la luna jugando a sus estilos, el reencantamiento del mundo, quién capturaba plumas y mecía telas de araña. Un pulso de sangre consensuada entre gárgolas y arcángeles. El dardo en el eco de la risa destruyendo las murallas. Fue una temporada de eclipses —o dos o varias— que retornaban y se asomaban desde un puente, para mirar hacia abajo y ver un puñado de vida al que le faltaba incluir la muerte. II Fui vida cuando el Universo abrió sus pétalos, los mismos que después se disecaron en una totalidad marchita. Fui muerte en la otra orilla que ya no conduce a su muelle de corales. Donde lo propio se hizo ajeno, ni las algas sobrevivieron al petróleo del silencio. La última vez vimos el mar más turquesa mientras fuimos cardinales, fijos y mutables. Ahora, buceo libre con un tanque de nostalgia. Los peces ya no nadan, flotan sobre las olas y después de la marea solo queda espuma.

Cosmograma

Tocaba el piano en legítima defensa de doce a tres. El resto de la jornada perseguía sonidos cual si tuviera un síndrome, imaginándose  armónica en boca de mujer. Mientras caminaba por los andenes, subía y bajaba de cualquier tren. La marea humana llenaba el vacío al ritmo de un ejército de percusión. Recordaba puntual no poner el despertador, era imprescindible dormir más de la cuenta para poder soñar todas las notas que caben en un pentagrama. De niño solían decirle que era bueno socializar; de adulto, entre él y el mundo: el silencio, que nunca era mudo, flore cía en sus oídos como aroma a música.

Irene

Irene solía decirme  "el tiempo no existe". No tenía que demostrámelo,  a su lado se detenía. Había notado que algunos estados de ánimo hacían que se detuvieran los relojes de la ciudad. Juntas pactamos renunciar a ese invento de control social que son las horas en punto y las medias horas. La juventud sin minutero, ni despertador alcanzaba para amanecer de Luna. La última vez que la vi estaba de cumpleaños y bajaba apresurada la cuesta de una avenida. Desde la ventanilla del autobús le hice un gesto con la palma de la mano para que me esperara. No podía esperar,  iba deprisa y señaló su muñeca c omo si fuera tarde. Quizás el tiempo la perseguía . No volví a verla. Consulto el reloj  y no veo la hora, solo el paso del tiempo corriendo detrás de ella.

Elíxir

En las mañanas me brillan estrellas y por las noches rayos de soles desde que no te conozco. Desde que no te conozco pero sé que existes, como la flor salvaje que nunca he visto. Puedo soñar con tu tallo suave y me engaño si creo que no queman tus petalos de fuego, corazón de polen, olerte es el riesgo de que todo se inunde de luz y oscuridad, del bien y del mal. Tu amor es tan consentido que sin saciarse busca mapas de ríos y respira territorios vacíos. Si hundo los dedos en la tierra sombría crece la raíz de la sabiduría, semilla amarga de fruto dulce. Me declaro tu aliada en la batalla florida. No quiero guerra, ni urdimbre para la trama, solo que me alumbres algunas madrugadas para enfrentar el abismo de un mundo sin forma.

A pulmón

A veces, huele a tabaco y es el pasado.  A veces, se siente como el primer día  lo que ocurrió hace ya años. Lías un cigarrillo pero nada es lo mismo, Cronos sigue su ritmo  y Kairós su rumbo. No se puede volver atrás  porque la vida te empuja  como en un continuo parto. No se puede fumar la ceniza. El cuerpo sabe esculpir las huellas, la mente delinear los recuerdos. Danzar del ayer al hoy, solo lo logra el humo de un corazón con nostalgia.