I y II

I

Fue la luna jugando a sus estilos,

el reencantamiento del mundo,

quién capturaba plumas

y mecía telas de araña.


Un pulso de sangre consensuada

entre gárgolas y arcángeles.

El dardo en el eco de la risa

destruyendo las murallas.


Fue una temporada de eclipses

—o dos o varias— que retornaban

y se asomaban desde un puente,

para mirar hacia abajo

y ver un puñado de vida

al que le faltaba incluir la muerte.


II
Fui vida cuando el Universo abrió sus pétalos,

los mismos que después se disecaron

en una totalidad marchita.


Fui muerte en la otra orilla

que ya no conduce a su muelle de corales.

Donde lo propio se hizo ajeno, ni las algas

sobrevivieron al petróleo del silencio.


La última vez vimos el mar más turquesa

mientras fuimos cardinales, fijos y mutables.


Ahora, buceo libre con un tanque de nostalgia.

Los peces ya no nadan, flotan sobre las olas

y después de la marea solo queda espuma.

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