La fascinación
Arañar la tierra.
Un piano solo, un mensaje eliminado, tomar ansiolíticos, beber manzanilla, estar adolorida.
Identificar las salidas de emergencia, tras pedir ayuda, decir socorro y gritar auxilio.
Arrancar las raíces.
El reloj de arena, la copa de sangre, el mito de Hades y Perséfone, el síndrome de Estocolmo,
la intoxicación de litio, la magia negra, el presente continuo, las palabras agrupadas en una lista.
Sembrar la semilla.
Los laberintos de los que se sale volando, las fosas comunes, las fronteras invisibles, el campo minado,
los cuerpos que el mar ahogo y devolvió sin vida, las fases lunares, el volcán, las arenas movedizas.
Adorar a Tlaloc.
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