Despedida

El último beso siempre está buscando su destinatario,

porque llega tan tarde que no alcanza mejilla ni frente alguna,

queda tan perdido como un eslabón que no se une más que a la nada,

es un beso de nadie. 


Los abrazos son diferentes, más puntuales, por eso llegan a tiempo de todo,

ya sea para levantar un derrumbe o para afianzar una construcción, 

son versátiles y se entregan a pecho descubierto. 

Pero el último, no, ese duele como la picadura de una araña.


La última caricia es temeraria,

después de que se la advierte prefiere no prestar atención y pecar de ingenua. 

Hace lo que le place, por eso llega de forma inesperada y a la hora que le da la gana.

Ignora que se avecina una tormenta, una ruina.


¿Y el último poema?

Ese es un brindis de envenenada medicina.

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