Aniversario

Un año es suficiente para que algunos niños y niñas balbucen en busca del abecedario,

para que prueben la miel por vez primera y se den de bruces contra el suelo al intentar andar.


Tres años son necesarios para entender lo que se oye y preguntar el por qué, 

también para diferenciar el plural del singular. 


Seis años son adecuados para lograr tener concentración y poder leer, 

salir del pensamiento mágico y hacer amigos.


Pero ni año, ni tres, ni seis son suficientes para enterrar la memoria de un padre.


Aunque en un año se desordenen sus huesos en la tierra, se recuerdan todavía sus abrazos firmes.

Aunque aquellos dientes no muerdan más que el polvo, se mantienen siempre vivas sus sonrisas. 


Y sobre todo aunque duela tanto que no se soporte, se soporta...

porque el amor más allá de la vida lo hace posible.

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